La Asociación Amigos del Castro de Irueña realizó una visita guiada al Castro el 23 de agosto.

VISITA GUIADA A IRUEÑA

El día 16 de agosto de 2017 se presentó en Fuenteguinaldo el libro “Raíces Milenarias de Fuenteguinaldo. El Castro de Irueña y su romanización”, un estudio realizado por D. Ángel González Rivero, después de un arduo trabajo de investigación.

Como actividad complementaria la Asociación “Amigos del Castro de Irueña”, programó una visita guiada al Castro para el miércoles 23 de agosto.

Este día nos reunimos en la plaza de la Constitución a las diez de la mañana nos repartimos entre los coches y llegamos al parking junto a la entrada del castro. Allí nos esperaban más visitantes, algunos se habían acercado andando, unos cuatro kilómetros y medio. Éramos unos cincuenta y cinco. Al empezar la visita observamos en el suelo unos clavos, que son puntos marcados en el terreno por el equipo de investigación de la Universidad Autónoma de Madrid, para realizar la planimetría del Castro.

Uno de los participantes apuntó que el topónimo Irueña es muy parecido al de Iruña (Pamplona), y que puede tener relación con el euskera, en esta lengua el prefijo ura- significa agua. Eduardo apuntó que posiblemente se trataran de reductos de las lenguas prerromanas. Se hizo mención al estudio realizado por D. Ángel González Rivero, publicado en el libro citado al principio, que nos podrá aclarar dudas acerca de todo lo relacionado con el Castro.

Yo, como técnico de Animación comunitaria del Ayuntamiento, hablé sobre los primeros pobladores de este territorio, que aproximadamente se remontan a más de 6000 años atrás, los restos arqueológicos de este periodo son el dolmen de la “Huerta Las Ánimas”, otro está en la cañada que va desde la Rincona del Potril al puente del Villar. Otros restos son el Menhir de los Regaos y las Piedras Hincadas de “El Juncal”.

Los vetones eligieron este enclave aprovechando los buenos pastos y la defensa natural del espigón que se forma entre el río Águeda y el regato Rolloso. Los restos arqueológicos vetones de la Segunda Edad de Hierro S. V – IV a.C. en el Castro son: la muralla de mampostería de pizarra seca, además de la escultura zoomorfa conocida como “La Yegua”.

La romanización del Castro probablemente por ser un lugar estratégico para la defensa, como cruce de caminos, al converger las vías que comunicaban el norte con el sur. La cercanía de la explotación de minas en la Sierra de Francia explica la grandiosidad de la ciudad y que alcanzara el rango de municipalidad. Los restos arqueológicos de la época romana, puestos de manifiesto en las excavaciones de Don Domingo Sánchez en los años 30 del siglo pasado, han sido la caja de resonancia para poner en valor el castro: basas de columnas, sillares, dinteles, etc., así como los restos de la presa que abastecía de agua a la ciudad.

Recorrimos el Castro guiados por Eduardo Sánchez, licenciado en Historia, profesor del Instituto Fray Diego Tadeo González de Ciudad Rodrigo, que intervino en las jornadas que celebró el Centro de Estudios Mirobrigenses en octubre de 2016 con la ponencia “El renacer de Irueña”.

Empezamos el recorrido disfrutando de la bella panorámica del espigón que forma el río Águeda con el regato Rolloso, seguimos avanzando por la muralla siguiendo el curso del río y nos detuvimos al ver los restos del verraco encontrado recientemente por Chema Dorado. Eduardo nos explicó que se trataba de un fragmento de granito, que destaca dentro de otros restos de pizarra, se observa perfectamente una pata delantera del verraco. Este nuevo hallazgo ha sido una grata sorpresa. Se apuntó que se analizará el granito para saber si es de las canteras de Fuentes de Oñoro o las de Peñaparda. Además nos aconsejo que no debíamos tocar nada para una mejor conservación.

Seguimos la muralla, aludió a su extensión de casi dos kilómetros y que la superficie del Castro es de unas catorce hectáreas. La superficie es mayor que los Castros de las Merchanas de Lumbrales y el de Yecla la Vieja.

Vimos los primeros restos de construcciones de pizarra, denominados “Casetones”, entre los que hay algunas “tégulas” (tejas romanas).

Un poco más adelante encontramos los restos del “Palacio o Templo”, al descubierto desde la excavación de D. Domingo Sánchez. Son restos de grandes edificios con basas de columnas, sillares de cantería que indican que allí había edificios de una ciudad importante.

En esa zona se encuentran dos sarcófagos de la época tardorromana. Uno de los visitantes preguntó si se sabía hasta cuando había estado poblado el Castro. Eduardo respondió que se cree que estuvo poblado hasta la Edad Media e hizo referencia a que el rey Fernando II de León a primeros del siglo XII entrego el Castro a la Diócesis de Ciudad Rodrigo, que pasó a manos privadas en 1830 con la Desamortización de Mendizábal. En 2008 fue expropiada por la Confederación Hidrográfica del Duero dentro del proyecto de construcción de la presa de Irueña y actualmente está en trámite para la cesión de la titularidad al Ayuntamiento de Fuenteguinaldo.

Seguimos hasta el lugar conocido como “La Calle”, otra zona en la que excavó D. Domingo, en ella hay dos construcciones paralelas de sillares de granito, los expertos creen que se trata de un alcantarillado para el desagüe de la ciudad. El abastecimiento de agua llega a la ciudad por su peso desde una presa construida en el Regato Rolloso a unos tres kilómetros.

Alguien preguntó acerca de la ocupación árabe del Castro. Los arqueólogos e historiadores no han descubierto ningún resto que así lo confirme, sólo se conoce la leyenda de la princesa y el moro Muza. Uno de los visitantes dijo que él tenía conocimiento de que se habían encontrado armas de hoja curvada.

Continuamos el recorrido hasta el verraco, popularmente conocido como “La Yegua”, el guía nos dio explicaciones acerca de esta escultura zoomorfa de grandes dimensiones. Es uno de los mayores verracos que se conservan de la cultura vetona. En este castro había catalogados cuatro verracos de los que hoy tenemos constancia de tres “La Yegua”, el verraco encontrado por Chema Dorado, y una cabeza, que parece una cabeza de león, que se encuentra en el ayuntamiento. Nos aclaró Eduardo que estos verracos representaban toros y cerdos.

Estas esculturas se cree que se colocaban en las entradas de los castros para indicar las zonas donde se manejaba al ganado. Ésta se encuentra en la entrada sur, la parte con menos defensa natural. En las catas realizadas en otoño de 2016 no se han encontrado restos de edificios, por lo que se cree que está en su ubicación original y sería una zona destinada a guardar ganado, probablemente un foro pecuario.

Próximamente, dentro del plan de actuaciones de la Junta de Castilla y León, se va a realizar su reconstrucción en el mismo sitio en que se encuentra.

Nos adentramos en el centro del Castro, donde había restos de construcciones circulares que se han puesto al descubierto con el desbroce.

Al bajar a ver la muralla, observamos un fragmento de piedra circular Eduardo apunto que podría tratarse de una piedra de molino para uso doméstico.

Al acercarnos a ver la muralla del lado del regato Rolloso comprobamos las grandes dimensiones de anchura y altura. Se conservan lienzos discontinuos de muralla, En algunos tramos observamos como los trozos de pizarra están esparcidos por todo el lomo del barranco.

Terminamos la visita sobre las doce y media el calor era ya bastante sofocante algunos de los visitantes subieron a la biblioteca a anotar algunas reseñas acerca de la visita.

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